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Carta de desamor por Jorge Luis Mejía

Publicado en 28 abril, 2013, por en CARTAS DE DESAMOR.

Hola, me llamo Jorge y te enamoraste de mí hace algunos ayeres. Ahora no lo sabes pues próximamente estarás inmediata a conocerme, me hablarás y todo por pensar que estaré triste. Sin embargo no estaré de esa manera, así es mi semblante afligido y nostálgico, así nací y así observo a las personas. 

Me preguntarás cómo estoy y qué hago en aquella banca sentado solo, te responderé cualquier cosa más o menos razonable mezclada con timidez y dulzura tonta. Me sonreirás y me ilusionaré; tú no. Serás una de las primeras personas en romper el órgano de granizo que habita en mis adentros y sólo lo harás con tu tono de voz y belleza superflua. Me dirás que luego nos veremos, usando a la perfección esas extensiones del lenguaje para quedar bien en los primeros contactos, me iré pensando en qué sería si, tú te irás pensando en tu próximo beso con el gallardo aquél.  Pasarán algunos tiempos, lluvias, fríos y existencias. Morirán algunos, nacerán otros mientras medito en la risita ocasional por ese cruce de miradas donde nos violamos los ojos, donde nos poseemos sin decirnos nada.  Me iré a casa todos los días sabiendo que siento algo palpable en mi sangre, algo que me hace sentir vivo. Las tragedias de los otros seguirán a la par de mis sueños contigo, qué ilusiones tan mayúsculas y tan llenas de espinas. Contigo aprenderé a conocerme en lo más bajo, en lo más doloroso y en lo más funesto del sentir. Un día cualquiera cargado de seguridades incrementales me dirás que tú no, sí; tú no. Así sin más me sentiré en los momentos de las horcas, tiraré mis poemas al piso y mis flores; tus flores se las daré a la primera puta que vea durante la noche. Le diré que la amo y le invitaré cualquier baratija para que sea feliz por unos momentos. Me iré, le dejaré de amar a las dos horas y media. No te buscaré más, mi orgullo me dominará y cesaré de buscarte con sonrisas transgresoras y miradas infantiles. Tu altivez luchará contra mi arrogancia, nada qué perder para ningún lado, nada qué ganar pero igual lo haremos. La lucha torpe por la nada comenzará y durará un tiempo, durará. Pensarás que soy un precoz por mis comportamientos, seguramente lo seré, pero sólo así aprenderé después que no debía de ser así. Algún tercero meterá sus narices y te dirá según sus ideas, te meterán designios, me obligarán a la monopolización, sin embargo siempre te querré en silencio. Pasarán más tiempos perdidos, más noches que pudimos haber compartido, mas no es así pues seguimos al pie de la letra el libreto que nos llevará al final de esta historia. Un día nos encontraremos y nos perdonaremos, qué; no sé pero lo haremos, tal vez un resentimiento imperceptible y bobo. Éste llegará después de tus hartazgos por conocer a otros entes rebotándose, dándose entre ellos, en probarles la piel húmeda y en saborearles las conversaciones, raciocinios y turbaciones. Te aburrirás, besarás a uno y dirás no, reirás con otro y dirás sí, luego no. Saldrás con alguno más y me pensarás, qué será de él, quién lo puede saber. Yo seré la última opción en tu lista de egoísmo llena de frivolidad. Pero quién sabe tal vez con fortuna llegaré yo a ocupar el primer lugar en la escala que posees. Pasará más tiempo perdido en el que posiblemente pudimos haber llorado, peleado, reído y quién sabe cuántas más cosas. Un día cualquiera te comenzarás a percatar de mi sonrisa, al día siguiente mis palabras, al otro en las acciones y al otro en la continuidad de lo ínfimo. Yo no seré ningún primero ni segundo ni tercero, seré tu último pero seré tu último siempre allí, siempre firme. Te acompañaré a casa por las noches para cuidarte del miedo infundado por culpa de mi neurosis y es que en mi historial sufrí de peripecias callejeras. Te diré que te quiero. Te robaré besos y me golpearás. Me dirás que soy un tonto, me reiré y con travesura sabré que sigo los designios de mis pulsaciones.. Sabré que lo hago con impulso real, no con impulso artificial. Los poemas tirados y quemados regresarán pues la inspiración se tornará un fluido constante. La flor azul la tendrás entre tus manos. El libro también lo tendrás. Mi mano la verás por una ocasión más y sabrás qué es el sentir de la querencia. La palabra nos mueve un día tras otro, un día el discurso sobre algo, el alegato político y la situación. Armaremos nuestra propia película no taquillera, no famosa. Sabremos que la fama y el seguimiento son cosas burdas, tan vacías y secas como lo mayoritariamente popular y visto. No, será diferente ya que haremos la historia sincera, sencilla y sólo para los dos. Te diré, te diré que sí amor mío mientras acaricio tus cabellos con olor a ti, con forma de tu cráneo ondulado por el contorno de los mismos. Mientras te beso la frente, te dedicaré palabrería y te la dedicaré bien. Todo será perfecto por unos instantes y ya no importará más el tiempo perdido con antelación, éste ya da igual. Caminaremos juntos y comenzaremos a pensar en qué será si. Ha quedado atrás el tiempo del último lugar, ha quedado atrás amor mío. Te dedicaré escritos, te diré que serás mi todo aunque no lo seas o aunque te mienta poquito, no lo sabrás porque estaré cegado por el amor. No lo sabrás pues lo diré con franqueza aunque con cierto grado de enredo; siempre me mantendré cauto ante un dolor inesperado. Te besaré siempre hasta que mi saliva se seque sobre tu piel, se te hagan costras y sean marcas de amor. No te abriré la puerta, no te cargaré el bolso ni haré poses. Seré yo transparente y te dejaré ser tú, diáfana. No presumiré lo nuestro, no hablaré de más, no daré cotilleo. Amor, será sólo nuestro, te amaré tanto. Seremos tú y yo sin complicaciones. Un día partiré lejos, por qué; porque tendré que hacerlo. Me dolerá, lloraré y gimotearé como nunca antes. El día de mi partida irás a darme el adiós, me tomarás fuerte de la mano que algún día sentiste por primera ocasión y me dirás con todo tu coraje que el cariño por mí es perpetuo y holgado, jamás te dejaré mi amor me dirás, me dirás con lágrimas. Maldito sea el rumbo cobarde, maldita seas eventualidad, maldito seas destino o como quiera que te llames bastardo hijo de puta. Me joderás. Nos joderás. Nos jodiste. Ahora estoy aquí frente a ti y vengo para decirte todo esto. Te regalo mi máquina del tiempo, tómala para evitar toda esta historia. Así no padecerás el calvario posterior, ya te he advertido. Te amo.

 

México, D.F.

Jorge Luis Mejía Fuentes.

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